Cuando sufrimos una pinchadura en la calle o en la ruta, la rueda de auxilio pasa a ser la protagonista. Sin embargo, por estar guardada en el baúl o colgada bajo el chasis, suele ser el elemento más olvidado del vehículo. De nada sirve tener un neumático de repuesto si al momento de una emergencia no se encuentra en condiciones de rodar.

Para evitar sorpresas que te dejen a pie, tené en cuenta estos controles fundamentales:
- Ajustá la presión de inflado: Los neumáticos pierden aire gradualmente aunque no se usen. Al calibrar las cuatro ruedas principales, sumá la de repuesto.
- Inspeccioná el estado del caucho: Aunque no haya rodado, el neumático se degrada por el paso del tiempo, el calor y la humedad. Verificá que la goma no presente grietas, resequedad o deformaciones en los laterales.
- Respetá los límites del auxilio temporal: Si tu vehículo cuenta con una rueda de tipo «galleta», recordá que no podés superar los 80 km/h ni realizar trayectos largos. Su función es únicamente sacarte del apuro para llegar al taller.
- Limpiá el mecanismo en auxilio externo: En camionetas y utilitarios alojados por debajo de la carrocería, la tierra y la suciedad pueden trabar el sistema de sujeción. Conviene desmontar la estructura periódicamente para limpiar y lubricar el soporte.
¿Hace cuánto no controlás tu rueda de repuesto?
Viajá con total tranquilidad y evitá complicaciones en el camino.